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  • La desaparición de los rituales

    Vuelvo a Byung-Chul Han en este año paréntesis en Bali donde las mujeres ocupan una tercera parte de sus vidas preparando las ofrendas florales para los rituales. En la isla de los dioses se da cada día gracias varias veces al día.

    Pero en la cultura occidental los ritos se han desdibujado, engullidos por el capitalismo, se han convertido en excusas para consumir. Y el libro lo enuncia de manera brutal en las primeras líneas: los ritos son acciones simbólicas que generan una comunidad sin comunicación, mientras lo que domina hoy es una comunicación sin comunidad.

    Los ritos estabilizan la vida gracias a su repetición, hacen que la vida sea duradera.

  • La determinación, Angela Duckworth

    La determinación, Angela Duckworth

    Resulta difícil traducir la palabra grit. Agallas, coraje, valor. Determinación, en la traducción de su charla. Pero el sonido de la palabra en inglés tiene una cadencia especial. Una prisa que no tiene la palabra en español que parece de otra época. Quién habla de agallas en educación hoy en día. Nadie.

    La premisa de Angela es clara: ¿y si la evaluación que hacemos de los alumnos para agruparlos, separarlos o acelerarlos no fuera la más precisa?, y si ¿el éxito en la escuela y en la vida no dependiera de nuestra capacidad intelectual sino de otra cosa?

    Ese planteamiento resulta a la vez obvio, para cualquiera que haya pasado algunas horas en un aula, e innovador ya que conseguiría desjerarquizar las clasificaciones de alumnos que ahora tan solo son medidas por los tests de coeficiente intelectual. ¿Y si se pudieran valorar otros aspectos?

    Así mismo, Angela plantea qué pasaría también en las empresas que establecen enormes diferencias de sueldos entre empleados basados en esa capacidad, lo que llama el “talent mindset”, tuvieran en cuenta otros indicativos. Y enuncia, aunque de manera demasiado furtiva para mi gusto, en qué manera la obsesión por el talento contribuye a una cultura narcisista y determinista que perdona demasiado a los genios.

    Su conclusión es que enfocarnos en el talento nos distrae de algo que es tan o más importante: el esfuerzo. Tras años de investigación de campo en colectivos muy distintos, desde escuelas militares a vendedores pasando por aulas en barrios desfavorecidos, Angela concluyó que la determinación, definida como la pasión y la perseverancia para alcanzar metas a largo plazo, tiene más peso en la predicción de resultados futuros que las capacidades o talentos. En sus propias palabras: La determinación es aferrarse a su objetivo día tras día, no solo una semana o un mes, sino durante años y trabajando realmente duro para hacer que ese futuro se vuelva una realidad. La determinación es vivir la vida como si fuera una maratón, no una carrera a toda velocidad. El “never give up” attitude.

    Por eso lleva años trabajando para que sus Grit scales pasen a formar parte de los procesos de selección en universidades y empresas. Ya que nuestro potencial es una cosa y lo que hacemos con él es otra muy distinta. Le preocupa cómo nuestra excesiva preocupación por el talento y las capacidades no puede garantizar que nuestros mejores alumnos no abandonen, por ejemplo. Cuenta como los alumnos que siempre han sido alabados por su capacidad, o talento, se frustran rápidamente, mientras que los que están acostumbrados a trabajar por las cosas lo toman como un obstáculo más. Pero para ello es necesario tener esa brújula clara de hacia dónde queremos ir. Un target móvil que va cambiando y evolucionando con los años pero que nos marca una dirección, un plan de vida. Y ahí conecta con la teoría de Carol Dweck del Growth Mindset y el enorme papel que tenemos los educadores y padres en esa tarea.

    Carol parte de 4 frases. Piensa cuánto estás en acuerdo o desacuerdo con ellos:

    Si estás de acuerdo con los dos primeros, Carol consideraría que tienes un fixed mindset, mientras que las dos últimas indican un growth mindset. Según sus investigaciones, recogidas en su libro “Mindset: the new psychology of success” la visión que los padres y educadores tengan de la inteligencia de sus hijos, tendrá más importancia que la inteligencia en sí. Así recomienda alabarlos no por su capacidad, talento o excelencia natural, sino por el esfuerzo dedicado o las ganas que le puso. Así los errores deben ser celebrados, como hitos imprescindibles en el desarrollo y no castigados. Dedicaré un post a Carol Dweck más adelante.

    Pero volvamos a Angela Duckworth y a su pregunta inicial: ¿por qué entonces seguimos dándole tanta importancia al talento, si incluso en las escuelas para alumnos de alta capacidad, lo que les distingue es su ética de trabajo y no su inteligencia?

    También la psicóloga Chia-Jung Tsay dedicó muchos años a investigar a los músicos, una disciplina donde queda patente que el esfuerzo y el ensayo continuo son más imprescindibles que el talento musical. Y así Angela llega a un punto interesante ¿y si se tratase de un prejuicio social?

    Si nos preguntan qué creemos que es más importante, el talento o el esfuerzo, la mayoría respondemos que el talento. Como si fuese una varita mágica que tocase a unos y no a otros, una selección natural donde tenemos poco que hacer. Así en pocas ocasiones somos conscientes de las horas, horas y más horas invertidas en tocar así el piano. Preferimos pensar que es cuestión de talento, de selección natural, de algo que unos tienen y otros no. Es un regalo divino, algo que nadie te puede enseñar. Preferimos entenderlo así antes que admitir que son las numerosas horas invertidas lo que llevó a esa persona a ese nivel de excelencia, fuera de la norma. Así nos libramos de la posibilidad de que si nosotros hubiéramos dedicado las mismas horas, quizás podríamos haber sido excelentes también.

    Angela concluye que cuando consideras individuos en circunstancias idénticas, los resultados que obtienen depende de dos cosas: el talento y el esfuerzo. Sin embargo no influyen de igual manera, el esfuerzo vale el doble. Y así llega a la teoría de las 10.000 horas que ilustra con numerosos esfuerzos y es donde el libro empieza a ser repetitivo, además de contribuir a esa idea tan capitalista de la auto-explotación como garantía del éxito con la que no estoy necesariamente de acuerdo.

    En esta charla de seis minutos, resume muy bien el contenido de su teoría.

  • Juego libre, Peter Gray

    Juego libre, Peter Gray

    Llego a Peter Gray a través de unas lecturas sobre Unschooling. Su libro, Free to Play: Why Unleashing the Instinct to Play Will Make Our Children Happier, More Self-Reliant, and Better Students for Life, investiga lo que muchos llevamos sintiendo desde hace tiempo y había descrito Plutarco mucho antes: el cerebro no es un vaso por llenar sino una luz por encender.

    Su charla TED: How Our Schools Thwart Passions enuncia la contradicción que todos los que trabajamos en educación, constatamos: ¿cómo un niño va a poder descubrir cuáles son sus pasiones, si se pasa el día en la escuela, sin poder dedicar tiempo a investigar qué es lo que les gusta hacer?

    Una pregunta de apariencia sencilla que descubre las verdaderas intenciones del sistema educativo, ese lugar al que los niños no quieren estar pero al que tienen la obligación de ir. Peter Gray realiza un exhaustivo estudio por cómo otras culturas practican el unschooling o la no-educación de sus hijos, ya que consideran que los niños nacen con un instinto básico que les llevará a querer aprender lo que necesiten para vivir.

    Peter Gray llegó a plantearse la educación alternativa por amor, como la mayoría. A los 9 años su hijo ya había sido catalogado como “problemático” para la educación tradicional. Pero pensó que si su hijo había sido capaz de aprender a andar, a hablar o socializar, ¿por qué no iba a ser capaz de aprender todo lo que necesitara para vivir?. Como padre “quería estar seguro de que no estaba equivocándose al permitirle que siguiera su propio camino de aprendizaje en lugar de un camino dictado por profesionales” y ese es el viaje que emprende en el libro. Desde su mirada científica recorre, de la mano de su hijo, el camino poco transitado de la educación fuera de las instituciones tradicionales.

    El libro empieza con una radiografía de la infancia de nuestros hijos, donde se espera que pasen la mayor parte del día siguiendo instrucciones de adultos, sentados en pupitres o en el suelo, en clases o en actividades extra escolares, dejándoles cada vez menos tiempo de libertad para explorar o seguir sus propios intereses. El juego libre, lo que Peter define no como un juego sin estructura, sino un juego dirigido por los jugadores y no por una autoridad ajena está desapareciendo de las vidas de nuestros hijos, en un intento de maximizar su rendimiento. Así, en lugar de dejarles jugar con amigos, preferimos apuntarles a una clase de baile o gimnasia para que aprovechen mejor el tiempo y tengan mejores oportunidades futuras, ya que consideramos que todo el saber que vale la pena se debe poder cuantificar o mostrar con títulos y certificados de asistencia. Sin embargo, lo que les estamos comunicando es que ellos no pueden aprender a no ser que sea en un entorno dirigido por un alumno que sepa más que ellos. Peter apunta que quizás estamos criando una generación que, tan acostumbrada a seguir instrucciones ajenas, será incapaz de encontrar su propio camino.